“Millennials” y otras tribus

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Los que nacimos en la década de los 70, acostumbrábamos a ir a las bibliotecas y a comprar libros, cuestión esta última que uno al menos mantiene,
para lo anterior hoy basta con acudir a la red aunque no siempre puede uno fiarse de la calidad de la respuesta que recibe. Leo en Wikipedia:

“El Tribalismo es una organización social, históricamente, la primera fuente de identidad y certidumbre de individuo a grupo, para el ser humano. Engloba en una palabra las diferentes manifestaciones: creencias, tradiciones, lenguaje, arte, cultura religiones o pseudoreligiones que provienen de las pequeñas comunidades denominadas tribus. Reafirma el sentido de pertenencia y permite la autorrealización individual; en otras palabras, otorga sentido al mundo desde una perspectiva de alcance inmediato. En la actualidad se le dice a la unión o agrupación de personas con costumbres, tradiciones, origen étnico o intereses comunes.

En mi adolescencia había que ser a la fuerza de alguna tribu urbana: Heavy, punk, mod, rocker, skin, pijo, etc… y eso señalaba la manera de vestir, la música que escuchar, cómo hablar, etc…

Hoy el management sentencia los comportamientos de las generaciones etiquetadas en función de la fecha de nacimiento:

La generación X , la Y la Z….. Y aunque no todos los autores se ponen de acuerdo en definir donde empieza y termina cada de ellas, si convienen en unas determinadas características que las describen, en esta manía muy nuestra en etiquetar como atajo de las mentes vagas. Siempre es mejor –creen algunos- gestionar por colectivos que por individuos y así además poder predecir de antemano su comportamiento y hacer estrategias en función de la etiqueta preasignada (prejuicio).¡Vaya memez!

Debe ser que por eso triunfa el juego de moda Clash of Clans

Hoy en día en muchas organizaciones conviven personas de diferentes países, de diferentes culturas, de diferentes generaciones. Y esto aporta un valor que hay que poner en buena medida.

Llevamos hablando muchos años en recursos humanos, de la gestión de la diversidad como competencia y valor necesario y creemos que tenemos como objetivo desde ya mismo, poner la gestión de la diversidad y su riqueza en favor de la inteligencia colectiva.

Trabajar con personas de diferentes culturas, generaciones, etc, no es nada nuevo.

La convivencia entre generaciones es tan antigua como la convivencia entre padres e hijos.

La capacidad de dialogo entre las personas, y en consecuencia la capacidad de acuerdo, es la que transforma las diferencias en valor, cosa que no hacen nuestros políticos, quizá por eso, visto lo visto, nos estemos alarmando ante una realidad que lleva existiendo tiempo.  El marco de convivencia en esa diversidad en el seno de una empresa, debieran ser los objetivos comunes y la misión o misiones, y todo ello catalizado por los valores.

El valor añadido en la gestión de recursos humanos ante esas diferencias generacionales o de otro tipo vendrá determinado por nuestra capacidad para conectar a las personas y aprender desde lo mejor de cada uno. En mi opinión, como ya he dicho, serán los “valores” y no las competencias las que se conviertan en el verdadero eje integrador y ahí es donde recursos humanos tendrá que estar realmente enfocado. Una organización sin diversidad y sin valores tendrá los días contados.

Sabemos algunos de los comportamientos de la llamada generación “Y”, o “Millennials”:

Parece que son individualistas por lo que tenemos que trabajar en ellos el valor de la cooperación, si bien su compromiso social es alto, de ahí que podemos dirigir parte de su energía a través de las actividades y programas  de responsabilidad social.

Buscan desafíos, aportaciones significativas y necesitan actividades de interés, por lo que no podemos asignarles trabajos de rutina pero debemos enseñarles a respetar ciertos procedimientos y a aceptar ciertas reglas que aseguran en algunas momentos la estabilidad, si bien es cierto que no hay que perder de vista que desde su tendencia al desafío serán capaces de transformar y generar mejoras en nuestras organizaciones. Desde recursos humanos tendremos que aprender a filtrar por la organización esos desafíos aprovechando lo que realmente contribuya a evolucionar.

Antes o después todos habremos rediseñado nuestros espacios de trabajo. Parece que el millenial crece jugando, como los niños, por lo que no podremos mantener estructuras rígidas, sino terrenos abiertos. Tenemos que reinventar las oficinas, imaginar otros espacios de trabajo, pero también licuar las estructuras. No bastará con cambiar la decoración, dejarles trabajar desde casa  o poner un futbolín.

Esta generación se enfoca en la búsqueda permanente del empleo correcto, por lo que su tendencia a la rotación va a ser mayor que la de generaciones anteriores. Sin embargo, no creo que tengamos que hacer esfuerzos especiales en retenerles (obsesión tradicional en recursos humanos), sino en crear espacios suficientes de libertad para que no tengan la necesidad de cambiar de empresa para seguir aprendiendo y creciendo.

No obstante,  quizá  tengamos que poner el énfasis en abordar las diferencias individuales de todas las personas y no tanto en agrupar a las personas gestionándolas como tribus.

JRL

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