Septiembre, mes de cambio.

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Dice un refrán español “en Septiembre cosecha y no siembres”…

 

Septiembre también es un mes de cambio, cierra el verano y arranca el otoño. Nos cambian la hora para que aprovechemos más la luz o para que, como hacen en las granjas de gallinas industriales, pongamos más huevos.

Es el mes del inicio del curso escolar, algo que muchos padres “estábamos esperando” para normalizar el desorden veraniego de los más pequeños. Hay que tener familia para poner en justa medida lo que estoy diciendo.

Recuerdo los inicios de curso, con sensaciones contradictorias, cierta ilusión pero también pesar, casi flojera, vuelta a la rutina y pérdida de la alegría que emana del sol.

Los cambios necesitan de un nuevo ánimo. Iniciar una nueva etapa requiere gestionar bien las inquietudes del cambio con buenas dosis de la ilusión que se deriva de manera natural por comenzar algo.

Dicen que no hay nada a salvo del cambio, que si hay algo seguro es el cambio. Yo añado que es saludable cambiar. En el ámbito profesional defiendo la necesidad del cambio y propugno que exploremos movimientos profesionales con mente más abierta. Lo explico:

A menudo digo, para deshacer el viejo debate de rrrhh acerca de si es más importante la adecuación puesto-persona o persona-puesto, que para mi la clave está en la gente, y que son las personas las que deberían marcar nuestra decisión. Decidir pensando en el puesto, esto es, exclusivamente en las características técnicas o competenciales que debe tener un candidato para ocupar una determinada posición (clásica job description) nos puede llevar a graves errores.

Afortunadamente, son ya muchos los que reconocen que si bien las competencias suman, las actitudes y los valores, multiplican. Para los más concretos, el asunto es pura matemática:

10+10=20 x 0 = 0.

En este sentido considero que conviene explorar con más frecuencia el modo que tenemos de hacer las cosas, para “deconstruir” y así optimizar los procesos  y hasta valorar si algunos de ellos es necesario.

Mantengo que las personas construyen los puestos a su medida, pero también creo conveniente por esa misma razón, analizar cuando hay oportunidad para ello, los métodos con el objeto de asegurar si realmente son útiles. Procesos al servicio de las personas, y no personas al servicio de los procesos.

En cualquier caso lo más importante a mi modo de ver, es que cada vez más organizaciones ponen más foco en valores, comportamientos y actitudes, como modelo de gestión de personas enmarcados en una misión y visión bien definida. El de Richard Barrett, es un buen modelo y precisamente el que hemos elegido en la organización en la que trabajo.

Decía Séneca que “no llega antes quien más corre si no quien sabe dónde va”.

Qué y para qué, y qué alma poner para conseguirlo, esto es, como implicarse realmente por el común, egos fuera. Esto ya no es matemática, es pura coherencia.

En toda esta crisis, podrán sobrevivir empresas con cierta capacidad comercial o financiera, pero las que realmente perdurarán serán las que tengan buenos valores. Cuestión de tiempo.

Feliz Otoño.

 

JRL

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