Vamos corriendo

caballos

 

EL MUNDO ESTÁ ACELERADO y nosotros con él. Vamos corriendo.

Comemos rápido, y a menudo con una pantalla delante: televisor, ordenador, tablet o móvil y hasta conduciendo. Lo que engullimos también ha sido producido aceleradamente gracias a la intervención química o la modificación genética, y la elaboración de lo que tragamos, muchas veces ha sido acelerada, y para ello no necesariamente hay que acudir a una cadena de fast food. Vamos, que pocas veces tiramos del guiso de la abuela cocinado a fuego lento y en recipiente de barro (no hay tiempo, ni aunque sea por moda vintage)

Mires donde mires todo va rápido.

La atención médica: “doctor me encuentro mal…” “tome usted este ansiolítico cada 8 horas. ¿siguiente, por favor?”. Dale por perdido.

La educación, todavía nos entrena para competir. Si te la puedes pagar, mejor privada en escuela “cool”, pero en todo caso prusiana, y al toque siempre de fábrica descuidando por lo general la atención a los valores y las emociones, salvo en casos raros (véase la pedagogía Waldorf de Steiner o la de algún jesuita tarado).

En el trabajo horas y horas dentro y fuera. El control presencial ha sido sustituido por el control digital, porque puedes tener enganchado a cualquiera las 24 horas del día, vacaciones y festivos incluidos. Reuniones, comités y conference calls innumerables (mejor en inglés, aún entre latinos). Personas atrapadas por equipos multitarea propios o ajenos (lo llamamos inteligencia colectiva). Alguno pensaba que habíamos superado la revolución industrial y que andábamos en la revolución digital, y mira por donde seguimos siendo productores que en vez de apretar tornillos en fabricas damos likes en redes sociales, si quieres ser popular (perdón, dicen que es “personal branding”). El caso es hacer muchas cosas, y si puede ser a la vez mejor, aunque sea con la torpeza del inspector gadget.

Produce, habla mucho, interactúa, actívate, reconéctate en vacaciones. No hacer nada es de vagos, o es que no sales de tu “zona de confort”, no participas o no estás integrado… estas y otras son las consignas de la vida diaria. Pararse o no hacer nada, aunque sea para reflexionar (sólo), es perder el tiempo. Si te queda algún minuto haz el amor, pero rápido, sin recrearte mucho, y a otra cosa…

El hombre y la máquina y todos contra todos. Hemos dejado de mirar a los ojos a la gente. Bizcos de pantallas. Deshojamos las margaritas a ritmo de “me sigue… no me sigue…”

Y aunque vivimos ya 100 años, salvo que alguna enfermedad de la prisa te pase por encima, hay que ir rápido y hacer muchas cosas porque no hay otra vida. Dios ha muerto, que no es grave, pero no tener wifi o quedarse sin batería, es una catástrofe. Llamamos “estar conectados” y nos gusta adjetivar como “colaborativo” a casi todo lo que hacemos a golpe de hashtag. Pero andamos más solos que nunca expresando sentimientos con emoticonos, más fácil que cara a cara. Me quedo sin aire.

Pues no señores y señoras, reivindico ir más despacio y saborear (movimiento slow) no refiero a la pereza ojo, hay que hacer (homo faber), pero también hay que pensar lo que hacemos (homo sapiens)…. O, ¿es que no les interesa a los que dirigen el mundo que nos paremos a pensar libremente?

Bueno, que si tenéis prisa no os entretengo más.

Feliz verano.

JRL

 

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