
@JRLOPESINO
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Durante el Renacimiento, el disegno (el dibujo o boceto previo) fue considerado un “a priori” : la semilla intelectual de una obra posterior, un ensayo técnico que a menudo quedaría sepultado bajo las capas de óleo de la pintura definitiva o el mármol de la escultura final. Se entendía como un medio para un fin.
En esta muestra de bocetos y dibujos, esa jerarquía histórica se subvierte por completo. Aquí, el boceto no es el preludio de nada; es la obra en sí misma, el acontecimiento definitivo.
Las piezas que traigo a esta muestra reivindican la pureza del papel, la honestidad de la tinta y la urgencia del carboncillo. Nos encontramos ante un lenguaje de contradicciones: un trazo firme, rotundo y de una fuerza visceral que araña el soporte; pero, al mismo tiempo, de cualidad lírica, de sutileza poética que envuelve las figuras en una atmósfera de vulnerabilidad e introspección.
No busquemos aquí la proporción anatómica del canon clásico. Lo que habita en esta sala es un expresionismo directo, de raíz emocional, donde los cuerpos se retuercen, se ocultan o se expanden en manchas. Cada línea es un rastro de mi pulso, una captura inmediata del pensamiento y la emoción sin el filtro de la corrección.
En un mundo saturado de imágenes artificiales y acabados pulidos, esta pequeña exposición nos devuelve a lo orgánico, a la imperfección sagrada de la carne y el papel. Cuando las palabras se agotan, queda el gesto.
Aquí, el silencio se rompe, y al fin, habla el cuerpo.
JORGE LOPESINO, julio de 2026
