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DIÁLOGO A DOS TIEMPOS
(Reflexiones sobre el umbral de la materia)
MIGUEL RIUS & JORGE LOPESINO
Hay un taller donde el tiempo no se mide en años, sino en capas de ceniza y fogonazos
de pasión. Allí, dos fuerzas generacionales se encuentran para dialogar sobre lo
inevitable: la certeza de que vivir es un ejercicio constante de demolición y nacimiento.
No hablan de la muerte desde el dogma religioso, sino desde la física sagrada de la
transformación.
Contemplar estas obras es asistir al banquete de Tánatos y al baile de la diosa Kali.
Tánatos comparece con una quietud severa, cortando los hilos de lo que ya ha
cumplido; se le reconoce en las piras funerarias, en los cráneos que flotan entre nieblas
oscuras y en los trajes vacíos que cuelgan como mudas de piel abandonadas,
testificando que algún cuerpo alguna vez habitó esa ausencia.
Pero donde Tánatos limpia y despoja, Kali danza con furia creadora. La deidad del collar
de cráneos no destruye por crueldad, sino por amor al lienzo en blanco. Ella es el hacha
indispensable que guillotina el pasado, el desengaño, la disolución de las formas
conocidas y la ruptura de las viejas identidades. Kali sabe que para que el universo
vuelva a inventarse, primero debe desmoronarse.
La exposición se convierte así en una geografía del desgarro y la kénosis. Se mueren
los amores, se mueren los oficios, se mueren las certezas cotidianas, y sin embargo, el
ojo sigue viendo. La materia se degrada siguiendo una estética expresionista y povera,
un arte de lo roto y lo olvidado, para demostrar que el residuo es, en realidad, tierra fértil.
Frente a la pira que consume el ayer, emerge una ráfaga blanca, un torbellino gestual y
una flor de misticismo salvaje que estalla contra la tiniebla. Es el testimonio visual de
una intuición profunda: si la muerte es un cambio de estado continuo mientras
respiramos, el fin de la carne no puede ser una extinción, sino el último tránsito de la
forma. Estas piezas no habitan un cementerio; son el umbral donde la energía humana
se despoja de sus contratos y ropajes antiguos para volver a ser, simplemente, luz
vibrante.
Jorge Lopesino, agosto de 2026
